Me encontraba derrotado. Completamente abatido. No podía con mi alma. Mi autoestima, que tanto flaqueaba, había volado por los aires. Estaba completamente confuso. Sentía que la sociedad me engañaba. Sentía que el conformismo me había pisoteado.
Esteban...
– No sabes lo que es estar con una persona solo por pena. Aguantar una relación que no soportas únicamente porque tu compañera no se quede sola. Su vida era patética, sí. Pero todo tenía un límite. ¿Por qué cojones no podía separarme de ella? -, dije a Julio mientras las lágrimas empezaron a correr por mi mejilla y los ojos se enrojecieron –. Y luego estaba el miedo a la soledad que me producía alejarme de su persona. Sí, el miedo a la soledad.
– Pero eso ya es agua pasada, te equivocaste y lo has superado, joder – me recriminó Julio.
– ¿Crees que lo he superado? ¿Tú cree que lo he superado? ¿Tú crees que esos psicólogos de mierda han conseguido algo? Dime, por qué, por qué cojones me ataba la pena y el miedo a la soledad. Si era una puta furcia que tenía merecida su soledad y tenía…
Julio cortó mi alegato golpeando con el tercio en la mesa. Después, agarrándome por la pechera, me dijo:
– O te callas, o te meto una hostia.
– Suéltame, cabrón… – le respondí apretando los dientes.
Entonces ,Julio, de forma tajante para quizás diezmar el agobio que poco a poco me estaba acorralando en lo más profundo de mis pensamientos, subrayó:
– ¡Todo ha pasado!
– Pues yo creo que no – le respondí negando con la cabeza repetidamente -. Me pongo a mirar en mi pasado y veo lo mismo en distintos contextos. Gente que se aprovecha de mí una vez tras otra y no hace más que darme padas y padas y patadas. Gente hija de puta que pasa por mi vida para sacar provecho. Mira la puta ésta, mira el cabrón ese.
– Céntrate, joder, olvida eso. Es pasado.
– No, eso está aquí. En el corazón – inquirí señalándome el pecho – Estuvo enterrado durante unos años por el centro de desintoxicación, pero ha vuelto. Ha vuelto a dominar mis pasos, a convertirse en mi día, a hacer que ahora, antes y quizás luego, piense en ello y me torture. Me torture hasta la saciedad. Es muy jodido no haber estado enamorado en la puta vida. Y con la única persona que acercas sentimientos y finges lo que no es, te estafe con uno de tus amigos.
– No te entiendo nada, ¿pero no estabas por pena y porque no podías estar solo? – me preguntó Julio con ironía.
Las lágrimas volvieron a brotar de mis ojos.
Agaché la cabeza y la posé sobre la mesa. Después me agarré de los pelos y empecé a tirar de ellos. En ese momento, dos jovencitas que estaban sentadas a nuestro lado, se quedaron mirándome, quizás sorprendidas por el estado de desesperación que ostentaba. Pronto apartaron la mirada. Sobre todo, cundo Julio se levantó y fue a por otras dos cervezas. A pesar de ello escuché algún comentario del que quise hacer oídos sordos. Más que nada por no entrar en una discusión sin sentido.
Me encontraba derrotado. Completamente abatido. No podía con mi alma. Mi autoestima, que tanto flaqueaba, había volado por los aires. Estaba completamente confuso. Sentía que la sociedad me engañaba. Sentía que el conformismo me había pisoteado. Yo no la quería. Yo solo estaba por pena y por no quedarme solo.
«¡Y luego va y se acaba descojonado en mi puta cara!», me dije.
– ¡Necesito…! – exclamé mirando a Julio a los ojos.

