Icono del sitio Tú Peach

capítulo29. fuck off, amor

Rodrigo…

na chica no muy alta, bastante delgada, rubia y de tez blanca. Una chica que, para bien de la historia, resultó ser Calara.

En lo que respecta a mí, he de decir que estudié poco, bastante poco, aunque acabé un módulo en artes gráficas que me reportó un trabajo de mierda. Después de esto me trasladé a vegetar a varias ciudades del Estado, donde malviví con diferentes chicas. Hasta que, con casi la misma edad con la que mi padre entró en prisión, acabé en Madrid. Allí me acostumbré a ser un perro solitario enganchado a una mujer y a relaciones tormentosas que empezaban pasionalmente y terminaban convertidas en un infierno. También allí llamé la atención adonde fui y, siempre, digo siempre, sentí que me faltaba un padre.

– ¿Ya te han soltado?

Dije a mi padre en un bar momentos después de que dejase definitivamente la cárcel.

– Sí, ya soy libre – me respondió con un tono bronco, tapado en su mayor parte por el soniquete de los parroquianos.

– Papá ya podrá estar con nosotros -. apuntó mi madre intentando quitar tierra a un asunto que bien sabía que me producía rechazo, mientras pedía al camero de la barra un güisque con muchos hielos.

– Hijo, ¡qué no son horas de beber eso! – exclamó mi padre queriendo hacer de alguien que bien desconocía.   

– ¿Entonces dices que vas a estar con nosotros o entre nosotros? – pregunté a mi padre un tanto irónico.

– Siempre he estado con vosotros, hijo. ¡Cómo puedes creer lo contrario!

– No lo creo. Pero lo siento a diario. Sí – exclamé señalándome el corazón -. Lo siento aquí dentro.

– Perdona, su bebida -. Interrumpió de repente la camarera. Una chica, por cierto, no muy alta, bastante delgada y de tez blanca, que, para bien de la historia, resultó ser Calara. Sí. La mujer con la que desde esa conversación empecé a compartir mi vida. Sí. La persona que con el paso del tiempo se diluyó como lo hicieron los hielos de aquellos güisques que bebí hasta bien entrada la noche.  

Salir de la versión móvil