capítulo 42. fuck off, amor

Joselu…

Pelé zanahoria, un par de ajos, una cebolla, algo de pimientos y preparé el pollo. Después vertí un chorro de aceite en una cacerola y puse a sofreír la verdura. Cuando estaba pochada, la aparté y añadí el ave, que freí hasta sellarlo.

Tras la conversación con Horacio, la mañana se sucedió tranquila. Yo busqué en la nevera la manera de encontrar los ingredientes suficientes para hacer pollo en salsa y él siguió tumbado viendo la televisión. Tengo que reconocer que esta postura heteropatriarcal entre maricas me tocaba mucho el coño, pero era la única forma de complacer el ramalazo intrínseco de machito trasnochado que tenía mi pareja.

Pelé zanahoria, un par de ajos, una cebolla, algo de pimientos y preparé el pollo. Después vertí un chorro de aceite en una cacerola y puse a sofreír la verdura. Cuando estaba pochada, la aparté y añadí el ave, que freí hasta sellarlo. A continuación lo mezclé todo, lo freí más y añadí un chorro de vino.

Lo dejé cociendo.   

A eso de la una volvimos a follar. Después de follar nos comimos el guiso en la mesa de la cocina. Para su desdicha, y mi alegría, no encendimos la puta televisión.    

– ¿Puedo preguntarte una cosa? – inquirió mientras masticaba el ave, que, por cierto, había quedado un poco soso.

– ¿Qué? – respondí tras dar un trago a un vaso de vino rojo que aguantaba en un lado de la mesa.

– Sabes que no soy celoso, porque claro, no tengo nada contigo. Sabes que nunca te dije nada por el tío ese. Aunque es verdad que yo tampoco te conocía cuando se la comías…

– Eso es verdad – le respondí. Para seguidamente añadirle: – stop, no entiendo por dónde vas.

En ese momento nuestras miradas confrontaron. No tenía claro qué quería decir. Parecía un ataque de celos. Aunque no había motivo aparente para que así fuese.

– Esta noche, ya mañana, mejor, mientras dormíamos, alguien te escribió un mensaje en Facebook…  

Le miré con mala cara. Después cogí aire. Acto seguido me levanté de la mesa y fui a por vaso de agua. Para cuando regresé, seguía esperándome. Era más que evidente que quería saber a toda costa quién era el destinatario.

– Sí, Rodrigo. Me escribió Rodrigo. ¿Y qué quieres decir con eso?