Miguel…
Delgado dio el último sorbo al cuarto vaso de agua. Después, sujetando la zona de la vejiga con la mano derecha – se estaba meando -, empezó a rezar
Delgado dio el último sorbo al cuarto vaso de agua. Después, sujetando la zona de la vejiga con la mano derecha – se estaba meando -, empezó a rezar:
– Dios padre, todo poderoso, creador del cielo y de la tierra…
– ¿Te quieres callar? – vociferé con fuerza -. Deja de una puta vez de rezar. ¿No te das cuenta de que no vas a conseguir nada?
– ¡Ay, Dios!, perdónale, está dominado…
– Dios no te va a hacer ni puto caso. Es más, es muy probable que ni exista: ¿tú te crees que, si no, va a permitir que el padre Julio sea cura? – dije sujetándole de la pechera.
– A ver – continué mientras Delegado se recomponía y empezaba a tranquilizarse – ¿sabes cómo cojones se han enterado de que tengo la coca de Pedro y Juan Carlos? ¿Alguien se lo habrá dicho?
– En el pueblo simplemente dicen que andas pasando y que nadie sabe de dónde has sacado la droga. Y claro, al faltar la otra droga, la gente relaciona, habla, y ya sabes lo que pasa…
– Vale, y Juan Carlos, ¿cómo sabe la historia de lo del padre Julio? – pregunté – ¡Es que no veo explicación alguna!
– No te puedo decir, la cosa es que vino y me amenazó con el tema. Casi me parte la cara – exclamó simulando la situación.
– Bueno, te he dicho antes que Juan Carlos es gilipollas y que Pedro no va a decir nada.
– Sí.
– Pues eso.
-Pues eso.
– Ahora necesitamos saber cómo se ha enterado.
– Lo puede haber visto.
– No, no lo puede haber visto. Él no, alguien lo ha tenido que ver y se lo ha tenido que contar.
– ¿Y quién?
– Esa es la pregunta que me estoy haciendo. Estás gilipollas – le dije malhumorado.