Esteban…
Los cálculos y las precisiones de mi amigo cada vez eran más imprecisas. La amalgama de mensajes contradictorios, sin duda, se hacía cuanto menos imposible.
– ¿Pero estuvo con Rodrigo primero y al poco empezó a salir con su jefe? – me preguntó Julio intentando dar forma a una historia que con su transcurrir se hacía cada vez más incoherente.
– No lo sé. No tengo ni idea. Pero fue tal cuál te he contado.
– Entonces, ¿cuánto tiempo estuvo saliendo con Rodrigo? – volvió a preguntarme Julio todavía más extrañado. Los cálculos y las precisiones de mi amigo cada vez eran más imprecisas. La amalgama de mensajes contradictorios, sin duda, se hacía imposible.
– Al parecer, hasta que encontró a su jefe – le aclaré de forma contundente -. Pero es que no lo sé y, si te digo la verdad, no me apetece saberlo -. Le añadí mientras me pellizcaba el mentón.
– Vuelvo a repetirte, amigo, que todo esto es un puto lío de cojones.
– Ya lo sé que es un lío de cojones – le convine yo, expulsando un poco de aire que previamente había cogido sin sentido alguno.
– Un lío del que debes de salir ya – exclamó Julio enfadado. Para seguidamente añadir elevando el tono de la voz: – No sé por qué cojones Caterina ha tenido que venir a remover el pasado. Es que no sé por qué cojones, la puta esa, después de tanto tiempo y sin sentido alguno, tiene que revolver lo que ya estaba muerto y más que enterrado.
– Yo tampoco lo sé – le rebatí un tanto pagado, mordiéndome el labio mientras volvía a fijar la mirada en el cuadro.