capítulo 86. fuck off, amor

Joan…

Julián era un tipo peculiar, culto, inteligente y con buena capacidad lógica. Nunca estudió nada que sobrepasase la ESO.

Cuando miraba la fotografía de Amparo en el teléfono móvil me encontraba hablando en un bar con Julián. El lugar estaba regentado por un viejo, conocido como Pollo – ¿por qué será? -, que de vez en cuando se saltaba la ley antitabaco y todas las normas habidas.

Julián era un tipo peculiar, culto, inteligente y con buena capacidad lógica. Nunca estudió nada que sobrepasase la ESO. Trabajaba repartiendo comida en un restaurante chino que hacía un tiempo se había instalado en su barrio. Era delgado, alto, rubio, lo que viene a ser guapo.

Hablar con él era un auténtico privilegio. Conseguía analizar a la perfección cada punto de los temas a tratar; sintetizaba fácilmente los problemas y daba soluciones coherentes a los inconvenientes que, a simple vista, parecían complejos. Era ese tipo de personas para los que estudiar siempre fue un mero trámite a pesar de que no lo hiceran. 

– Sé a lo que te refieres cuando hablas de todo eso – dijo Julián tras dar un trago largo a la cerveza. La jarra estaba por la mitad. Al igual que un plato de aceitunas pochas, que, esparcidas, descansaban sobre la mesa.  

– ¿Cómo que sabes a lo que me refiero? – pregunté sorprendido mientras me rascaba los pelos crecidos que tenía como barba. A mi lado había una pareja enrollándose como si fuese la última vez que se fuesen a ver.   

– Lo que me preocupa de la democracia, no es en sí la democracia, sino que la gente delegue todas sus circunstancias vitales en unas cuantas personas que son seleccionadas por burócratas de partido o funcionarios de carnet. La gente tiene que responsabilizarse colectivamente. Saber a lo que se expone cuando vive en sociedad. Debe participar más del hecho democrático. Es muy poco cívico delegar todo y luego protestar por todo. 

– Sí, si llevas razón. Pero ya sabes cómo está todo. El nihilismo puede con nostros. La ideología tradicional ha muerto par dar paso a un marco de pensamiento basado en el individualismo y la simulación mediática.

– Soy de los que piensan que los culpables de la crisis hemos sido todos. Sí, es cierto que hay poderes económicos que nos han conducido a un callejón sin salida del que ahora nos es difícil salir. Es cierto que hay poderes económicos encubiertos que mandan más que los estados. Pero todo lo que ha ocurrido no lo han hecho por la fuerza. Todo lo contrario. Nos han llevado de la mano y nosotros hemos puesto todas las facilidades para hacer ameno el camino.    

– Llevas razón, la verdad.

– Sí, la democracia es como una familia. Si tú no te preocupas por tu familia, y pasas de ella, al final todo irá mal… – elevando el tono -. Ya está bien de echar balones fuera. Hay que ser autocríticos y empezar a arreglar todo lo que ha hecho mal cada uno. Construyamos en colectivo desde la base. Hagamos un colectivo que se lleve por delante a las élites económicas de éste y de todos los países del mundo.     

– Yo, si te digo la verdad, estoy derrotado. Estoy empezando a perder la esperanza. Cada día creo menos en el ser humano. Y sabes por qué: porque estamos más pendientes del yo soy y yo tengo que de cómo estamos y qué tenemos. Hemos llegado a un grado de individualidad y egoísmo, que ha provocado que el hombre cada vez tenga menos sentido. Te vuelvo a repetir que el nihilismo puede con nosotros.

– Apóyate en ideas, aunque sean utópicas.

– ¿En cuáles?

– Todas aquellas que todavía te den esperanza, que te permitan crecer. Aunque sean utópicas.

– Estoy harto de las utopías.

– Sí, si yo también estoy harto de utopía. Pero, sin embargo, todavía lucho y creo que un mundo mejor puede ser posible. Y lo que es mejor: intento transformarlo desde la humildad, desde el trabajo diario y la reivindicación.

– No lo sé. Yo antes era así. Pero de un tiempo a esta parte me he dado cuenta de que toda la amalgama de pensamientos que circulan por mi cabeza son infértiles, hueros, carentes de utilidad práctica para el conjunto.

– ¿Y por qué no intentas trasnforalos?

– Porque no, porque nunca llegarán a nada. Porque la gente me da asco, porque todo me da asco.

– Mira como estoy yo, repartiendo comida para un chino que, a su vez, está controlado por una mafia que le explota. La situación económica en mi casa no es muy buena. Vivo con mis padres. Tengo un sueldo de mierda. Y, sin embargo, todavía tengo la suficiente fuerza para organizarme, para juntarme con los que piensan como yo.

– Debes tener mucha fuerza psicológica. Yo no la tengo. Estoy agotado en todos los sentidos – respondí agachando un cabeza, tras meterme una aceituna en la boca.

– No es el concepto que la gente tenemos de ti. Te conocemos y tú no eres así. Todo lo contrario. Parece como si estuvieses pasando por una depresión.

– A lo mejor estáis todos equivocados.

– No, el que está equivocado eres tú.

– Lo dudo.

En ese momento Julián dio otro trago largo a la cerveza. Después la colocó sobre la barra y siguió hablando.

– ¿Qué tal con Amparo? – pregúntó mietras se quitaba los restos de espuma de la barba.

– Pues no lo sé, ahí sigo con ella. Bueno, sigo… No sé si me quiere, la verdad. No sé nada y no entiendo nada.

– Esa chica es un poco difícil – subrayó mostrando cierto desacuerdo.

-Ya, siempre me gustaron las cosas difíciles. Además, está atravesando un momento jodido y todo eso lo paga conmigo.

– Pues eso no es amor.

– Ya… ¿Te puedo contar una cosa?

– Si – respondió activando los cinco sentidos.

– Creo que Álvaro está enamorado de mí – añadí con cierto grado de intriga.

– ¿Qué dices? ¿Tu colega del pueblo? – respondió soprendido.

– Amparo siempre había sospechado y, tanto darlo vueltas, me ha hecho creerlo.

– Creo que Amparo lo único que quiere hacer es separarte de quines te hacen feliz…. ¡Las tías a veces! …. Y no quiero caer en machismos con esto. 

– Puede ser, pero te da que pensar, eh… Lo de que esté por mí, digo. Hay detalles, comportamientos, maneras de entender las cosas un tanto raras.

– Cosas, ¿como qué?

– Cosas.

– Deberías separarte de Amparo. Creo que no es una buena influencia para ti.

– Y de todo. Debería separarme de todo.

– Joder, tío. Me están dando ganas de suicidarme.

– No seas cabrón.

En ese momento Julián miró el reloj. Habíamos quedado para ir a una manifestación y era la hora. Al parecer se iba a armar una buena en la Plaza de Sol.

– Creo que debemos irnos.

– Si.